¿oyes al pueblo cantar?

Pues mira que estaba a punto de meterme en la cama y me voy a ir más revolucionado que otra cosa. Me ha dado por ahí. Será la víspera del Aberri Eguna. Un musical, ni más ni menos, una revolución, una de tantas, esta vez sofocada por el poder establecido. 1832, París, 1980, París, una revolución, un musical. Ya ves. Y entre las maravillas que se escuchan en ese musical, una canción de lucha, Do you hear the people sing?, ¿Oyes al pueblo cantar? Porque, aunque a veces se pierda, si el pueblo canta, al final vencerá. Por cierto, imprescindible la novela de Victor Hugo. De ahí al musical, nunca al revés. Por favor.

¿Más allá de la barricada hay un mundo que anhelamos ver?
Entonces, únete a la lucha. Eso te dará el derecho de ser libre.

Do you hear the people sing
Singing the song of angry men
It is the music of a people
Who will not be slaves again
When the beating of your heart
Echoes the beating of the drums
There is a life about to start
When tomorrow comes
Will you join in our crusade
Who will be strong and stand with me
Beyond the barricade
Is there a world you long to see
Then join in the fight
That will give you the right to be free
Do you hear the people sing
Singing the song of angry men
It is the music of a people
Who will not be slaves again
When the beating of your heart
Echoes the beating of the drums
There is a life about to start
When tomorrow comes
Will you give all you can give
So that our banner may advance
Some will fall and some will live
Will you stand up and take your chance
The blood of the martyrs
Will water the meadows of France
Do you hear the people sing
Singing the song of angry men
It is the music of a people
Who will not be slaves again
When the beating of your heart
Echoes the beating of the drums
There is a life about to start
When tomorrow comes

¡si no quieres ser como estos, lee!

Pues va a ser que no. Que lo que no les gustan son los libros, ni que la gente lea, ni mucho menos que lo haga en bibliotecas. Lo que debiera ser una noticia para alegrar a cualquiera, algunos, los de siempre, lo miran con recelo indisimulado y lo toman como un ataque a su normalidad, esa que nos han impuesto en las últimas décadas.

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Ayer se abrió, de nuevo, la histórica biblioteca de San Francisco con horario ininterrumpido de nueve de la mañana a nueve de la noche. Cuando hace años el equipo de UPN decidió recortar por todos lados, lo hizo especialmente en el aspecto social y con especial ahínco en todo lo que estuviese relacionado con la cultura. La red de biblioteca de Nafarroa sufrió un recorte muy agresivo que supuso imposibilitar de facto la apertura de bibliotecas en horario de mañana y tarde y que propició, según los parámetros de las políticas neoliberales llevadas a cabo por Barcina y Maya, la privatización de la gestión. En muchos pueblos y barrios se organizaron protestas y en Alde Zaharra de Iruñea surgió una plataforma para luchar por la biblioteca. No solamente protestaron por los recortes llevados a cabo, si no que escribieron, debatieron, socializaron y trabajaron una desiderata en donde pusieron las bases de cómo sería el modelo ideal de biblioteca e incluso apuntaban a diferentes medidas para lograr ese modelo. En la anterior legislatura el tema estuvo presente en más de una ocasión en el pleno del ayuntamiento, recibiendo el NO automático a cualquier propuesta por parte de las vecinas y vecinos. Porque la realidad fue esa, que la lucha y la dinámica en favor de la biblioteca, fue y es una dinámica vecinal, asumida por todo el barrio.

Cuando EH Bildu entró a gobernar el Ayuntamiento junto a las otras tres fuerzas, llevaba bajo el brazo la propuesta de recuperar la biblioteca para el barrio. No fue, ni es una propuesta propia, si no que hizo suya la propuesta del barrio. Ese fue su compromiso y de ahí el esfuerzo que se ha llevado a cabo para lograrlo. Las bibliotecas son competencia del Gobierno de Navarra, pero por la situación de las arcas forales dejada por Barcina, parece ser que no era el mejor momento para afrontar esto desde el ejecutivo foral. Tras negociar se ha llegado al acuerdo de que era el Ayuntamiento quien soportaba este año el gasto que suponía recuperar la gestión de la biblioteca y abrirla más horas. Pero esto ha tenido contestación también, en este caso en forma de moción del PSN, que, en el pleno del próximo viernes, pide que el gasto de personal sea asumido por el gobierno de Barkos, sabedor de que esto, este año no es posible. La cuestión es que en el PSN no pueden comprender que nuestras prioridades y las suyas sean diferentes. Las suyas consisten en sostener, junto a UPN, el Régimen del que han sido y son parte fundacional. Las nuestras, en cambio,  son, entre otras, la cultura, la educación y poner todos los medios para avanzar en un modelo de sociedad en donde las personas tengamos conciencia crítica. Y para eso, señoras y señores de UPN y PSN, es imprescindible leer!

Ya lo decían en la Bola de Cristal: “Si no quieres ser como estos, lee”. En la biblioteca de San Francisco tienes todas las posibilidades. Por la mañana y por la tarde.

es tiempo de librerías

Pasadas estas fechas de celebraciones basadas, en gran medida, en el consumo desmedido, lo mismo da que sea comprar, que comer, que beber, quien más, quien menos, cuidará, durante un par de semanas, su alimentación, incluso saldrá a hacer algo de ejercicio, algún paseo por el monte e intentará ordenar un poco el desenfreno instalado desde hace dos semanas en su vida. No está mal. Pero estaría mejor si no dejásemos aparte el otro cuidado necesario para que el cambio en nuestro estilo de vida sea completo. Es tiempo de dedicar un tiempo a cuidar también nuestra mente y posibilidades para eso hay unas cuantas. Algunos optaremos por dedicar más tiempo a lograr ser más conscientes de lo que hacemos, a respirar mejor y a tener un pequeño tiempo diario para nosotras y nosotros. Otros, y esta es la opción más sencilla, pueden optar por empezar a leer esos libros que les han regalado y si no ha sido así, acercarse a alguna librería y dejarse aconsejar por la librera o librero de turno. Porque es tiempo de librerías. Es tiempo de libros. Es tiempo de lectura que despierte nuestra mente embotada de tanta “celebración”.

Libros

De un tiempo a esta parte en Iruñea se están abriendo librerías de esas a las que puedes ir sin tener mucha idea de qué tipo de libro quieres leer. Son librerías, que no tiendas de libros, en donde no hay personas que te venden libros, si no libreras y libreros que te aconsejan, recomiendan e incluso son capaces de hacerte enamorar de un libro, un autor, una poetisa o una novela olvidada antes de leerla. Hace un tiempo ya hablé de Katakrak, y dije que lo creía un espacio de encuentro y análisis, taberna sostenible y librería crítica imprescindible en el proceso hacia un modelo de ciudad activa que, entre diferentes, podemos y tenemos la obligación de construir. Hoy me quiero referir a otras tres librerías que en estos dos últimos años han surgido en la ciudad, concretamente en el II Ensanche, tan necesitado de otro modelo de comercio que no sea el de las franquicias y el Corte Inglés impulsados por UPN.

Walden es la librería que, en el antiguo comercio de su padre y su madre, en la calle Paulino Caballero, abrió Dani Rosino a finales de 2013, en un diciembre que supuso una auténtica bocanada de aire fresco en el mundo de las librerías, justo seis meses de que cerrase sus puertas todo un referente en este ámbito como fue El Parnasillo. Abría Dani esta librería con la intención de que se convirtiese en “un hogar para hacer pausa y leer” y desde luego el propio lugar invita a ello. Sin música alguna, la librería invita a recorrerla de derecha a izquierda, en esa especie de plaza de kiosko que da la vuelta a la terraza central en donde puedes sentarte a ojear alguno de los libros o a comenzar a leer el recién comprado acompañado de una taza de té o café. Las lámparas, como una suerte de medusas repartidas en el fondo de este océano de libros, iluminan levemente todo el espacio consiguiendo un ambiente acogedor.  Aparte de las secciones de música, arte, Navarra, filosofía, poesía y ensayo político, Walden está organizada por países. Es una librería para sumergirte en las obras, clásicas y actuales, de Inglaterra, Francia o Alemania, pero también están las secciones de literatura de países orientales, centroeuropeos, americanos de sur a norte y, como no, la literatura en lengua castellana. Si quieres un libro de literatura, la próxima vez deberías probar a buscarlo y dejar que te aconsejen en Walden. Pasarse por ahí es inexcusable.

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Un poco más abajo, en la siguiente manzana de la misma calle, se encuentra Chundarata, una librería que está especializada, tal y como ellas mismas dicen, en ilustración, infantil y juvenil, cómic, novela gráfica, y mucho más… Ese mucho más son talleres para los más txikis, y para adultos, desde escritura, a cómic, pintura o manualidades. La tienda en sí, en su parte delantera, es un espacio como de sueño, que cambia según el sueño que vayan teniendo las dueñas, convirtiéndose en una clse de escuela antigua o en una playa en época estival. En la parte posterior está la zona donde hacen los talleres. Si quieres un libro con alguna edición especial, de esas chulas que son para leer y releer y tenerlas a la vista en tu biblioteca, esta es tu librería. Recomendable al 100%.

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Finalmente, en una zona algo extraña para abrir una librería, en la calle Aralar, en la esquina de la avenida Baja Navarra, muy cerca del parque de la Media Luna, se encuentra, desde hace poco más de un mes, Deborahlibros. Esta tienda, de la cual estoy seguro su éxito esté donde esté, es el fruto de Katixa, una entusiasta de la literatura y los libros que anteriormente conocía por seguir su blog (totalmente recomendable, por otro lado). En este blog dice de su librería que “ahora me toca realizarme profesionalmente, emprender, proactivarme, rumiarme, regurgitarme y todo eso. En un tiempo en que cierran librerías, voy a abrir una. ¿Quién dijo miedo?”. La tienda dispone los libros en diferentes secciones que, a modo de blog, nos informan del tipo de lectura que nos vamos a encontrar en esas baldas. Troteros de playa y chimenea para los libros entretenidos, pero de calidad. En Delicatessen esos los libros que son una delicia y en el Rincón negro la novela negra imprescindible en cualquier buena biblioteca. Dosis de realidad para esos libros de ensayo, Usados para libros de segunda mano y la sección de Books, para los libros en inglés. Otro lugar que, solo su visita, merece mucho la pena.

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Ir, visitar asiduamente y comprar en este tipo de librerías no solo es bueno para nuestra mente, si no que también es bueno para nuestro comercio y por lo tanto para ese otro modelo de ciudad en donde el emprendimiento, la familiaridad y la cultura son parte principal. No os lo penséis dos veces, leed, aunque sean prestados de la biblioteca, como la que, gracias al Ayuntamiento del cambio, ha ampliado su horario en la plaza de San Francisco. Y si tenéis oportunidad y dinero, invertidlo en vosotras y vosotros comprando algún libro en este tipo de librerías.

cita con los clásicos

Hace dos semanas, buceando en la página web de Katakrak, descubriendo las joyas que nos incitan a leer, me fijé en un título que me llamó la atención: “Cita con los clásicos”, de Kenneth Rexroth, editada por Pepitas de calabaza. Se trataba de un compendio de ensayos sobre diferentes obras literarias que el poeta y activista norteamericano había publicado en una revista para el gran público a finales de la década de los 60. No se si me puedo imaginar una revista de ese tipo hoy en día publicando este tipo de artículos , breves y brillantes, en el que se hace un recorrido por sesenta libros que, para Rexroth, constituyen “los documentos básicos de la historia de la imaginación”. El caso es que me sedujo el título, el comentario en la página de la librería, y lo compré.

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A quien le guste leer por el placer de leer, de imaginar y gozar con las palabras y los pensamientos de los escritores, este libro puede convertirse en un pequeño manual que ayude a descubrir esos tesoros de la literatura universal que, por una u otra causa, se han erigido en guía y luz para muchas personas en el inmenso universo de la palabra escrita. Ni que decir tiene que es el listado que Rexroth escribió en aquéllos ensayos que habrá que completar con los imprescindibles de cada cual.

No soy de los que desdeño la literatura actual, pero creo que, de la misma manera que en otros campos intentan alinearnos a toda costa, también existe ese peligro en los libros que se empeñan que leamos todo el mundo. Si no has leído la trilogía de moda no eres nadie, igualmente que si no has visto tal o cual programa de televisión eres un bicho raro y si no sabes quién es un personaje de la farándula eres un analfabeto social. Yo me declaro nadie, bicho raro y analfabeto social. Es algo que he asumido. Afortunadamente en esta Iruñea que el poder ultraconservador -no lo olvidemos, la idea contraria al fascismo es la cultura- ha convertido en una ciudad gris, con contenedores vacíos de cultura y una programación cultural elitista y uniformizadora, surgen de vez en cuando espacios de debate y de cultura y auténticos libreros críticos cuya necesaria labor es aconsejar y ayudar a elegir un libro más allá de los dictados de la gran industria editorial. Después de la triste desaparición de El Parnasillo dos librerías han tomado el relevo en mi referencia para comprar un libro, las dos diferentes en conceptos, pero unidas en la pasión por los libros de quienes se han embarcado en esa aventura que tiene que suponer sacar adelante una librería, no una tienda de libros, hoy en día. De Walden hablaré en otra ocasión; de Katakrak solo puedo decir que es un proyecto sin el cual Iruñea tendría muchas más posibilidades de seguir hundiéndose en el fango de la alineación, gentrificación y vacío al cual la ha llevado UPN. Este espacio de encuentro y análisis, taberna sostenible y librería crítica es imprescindible en el proceso hacia un modelo de ciudad activa que, entre diferentes, podemos y tenemos la obligación de construir.

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En cuanto al libro que pretendía reseñar, solo señalar que sin haber leído unos cuantos libros que han marcado, de una u otra manera, nuestra sociedad, es imposible tener capacidad de poder entender la literatura que se crea hoy en día. Esto no quiere decir que solo debamos leer estas obras, ni mucho menos, pero es necesario hacerles hueco en nuestra agenda literaria. El escritor estadounidense repasa 60 libros marcados por varios elementos personales: es miembro de la sociedad occidental y anglosajona, es poeta, es especialista en literatura china y murió en 1982. Aún y todo es una excelente base que completar con nuestro propios libros.

Entre otras joyas que repasa y anima a leer con capacidad crítica están La Ilíada, de Homero, Historia, de Heródoto, La república, de Platón, Meditaciones, de Marco Aurelio, Los cuentos de Canterbury, de Chaucer, El príncipe, de Maquiavelo, Don Quijote, de Cervantes, Macbeth, de Shakespeare, Memorias, de Casanova, Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, de Gibbon, Rojo y negro, de Stendhal, Manifiesto comunista, de Marx, o Guerra y paz, de Tolstoi. Son un ejemplo de lo qué nos encontraremos. Entre los sesenta clásicos he echado en falta obras que personalmente me han marcado, por ejemplo Los miserables, de Hugo, más obras de Shakespeare, Anna Karenina, de Tolstoi, Jane Eyre, de Bronté, Oliver Twist, de Dickens o Las mil y una noches. Pero, lo he señalado al principio, la lista que propone tiene la necesidad de completarse con obras que nos hayan marcado personalmente, pues de eso se trata.


Un placer y sobre todo un libro revulsivo, que incita a leer cuanto antes esas y otras grandes obras que todas y todos conocemos y que muy pocos han leído. Indicado para quienes se desesperan con las novedades literarias que aparecen en las revistas de literatura y te señalan, por indicación de las grandes editoriales, qué leer en este momento. Un regalo para quien quiere recuperar, de vez en cuando, la Literatura, con mayúscula.


el Escarmiento

Después de leer la última de Sánchez-Ostiz, El Escarmiento, no me queda otra que romper mi costumbre de titular las entradas de este blog en minúsculas. No pretendo condicionar el posible debate y la reflexión con un título en mayúsculas, quitando espacio al pensamiento, pero en este caso no hay manera de dejar el título en letra pequeña, pues enorme fue el Escarmiento que algunos se empeñaron en dar a sus vecinos y vecinas que creían en la libertad y la igualdad de condiciones para todo el mundo, para obreros y empresarios, para mujeres y hombres, para republicanos, nacionalistas y foralistas… Y en esas seguimos. Cada vez hay menos gente que apoya seguir pagando las cacerías de nadie, cada vez hay más gente que cree que la única salida es poder decidir soberanamente cómo hacer frente a la crisis (económica, social e institucional, se dice ahora), y cada vez hay menos gente, de aquellos foralistas, que se acuerda de lo que eran o son los fueros (lo poco que han dejado). Las consecuencias de aquél Escarmiento siguen vigentes.

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He leído la novela con ansia, poniendo cara a la tragedia de aquéllos días, recordando palabras cercanas que me decían que después, los que quedaron, tuvieron que vivir en silencio, sin mencionar, sin recordar, pero sin poder olvidar. Y es entonces cuando esas preguntas que hoy en día hacen los que siguen dando Escarmiento, desde el periódico golpista, o desde el Palacio de Navarra, o en la extinta Caja Navarra, intentando mantener el orden que consiguieron a base de cunetas, es entonces, digo, cuando esas preguntas me revuelven las tripas. La pregunta es siempre la misma, “¿para qué queréis remover nada?, “es mejor pasar página”, “todos aquéllos ya están muertos”. Y después viene lo de la reconciliación, la convivencia, patatín, patatán, cuando en realidad (¡qué claro lo dice Sánchez-Ostiz!) quieren decir olvido, para seguir manejando el cotarro, para seguir metiendo la mano y robando, bien sea el poco dinero que queda, bien sea la memoria de un Pueblo o la propia esperanza que parece renacer.

Esta obra nos golpea con una realidad bestial, una realidad que, si bien se vivió hace más de 75 años, es actual en muchas de sus caras, no porque estén vivas (la mayoría han desaparecido) sino porque son el original de muchas de esas caras que hoy día siguen por Iruñea y en el conjunto de Nafarroa, caras de los vencedores y también de los vencidos. Apellidos, familias, motes, de ayer y de hoy. Emilio Mola, general sublevado, cabeza pensante de aquélla sublevación, apodado El Director, y sobre todo autor de las directrices secretas que establecían los métodos de represión contra el bando contrario, entendiendo el bando contrario con la acepción más amplia posible. Nacionalistas, socialistas, comunistas, anarquistas, republicanos, pensadores, maestras, labradores, cargos públicos de la República, militares y civiles, camareros, obreros, aprendices, burgueses, madres, hijos, jóvenes y ancianos, niñas (Maravillas, florecica de Larraga)… Todo aquél y aquélla sobre la que caía la sospecha de simpatizar con las ideas republicanas y nacionalistas y también quienes sufrieron la venganza personal por envidias y riñas de vecinos, sufrieron, de una u otra manera, el Escarmiento de una persona que, al decir de quiénes le conocieron, sólo pensaba en matar. Esa persona cuya tumba sigue en la cripta de un edificio que sigue teniendo en su frontis, convenientemente tapado (obligados), la inscripción Navarra a sus muertos en la cruzada.

Y junto a Mola estuvieron otros. Garcilaso, director del Diario de Navarra, que no sólo se dedicó a escribir loas hacia el bando fascista, y que fue parte activa en la preparación y ejecución de aquél Escarmiento. Un periódico que estuvo, como hoy mismo, en el meollo de la cuestión. Victor Eusa, arquitecto y miembro de la Junta Central Carlista de Navarra, al que las actuales autoridades siguen homenajeando, José María Iribarren, escritor y secretario particular de Mola, Angel María Pascual, periodista y destacado miembro de la Falange, Moreno, el del Hotel la Perla. Lugares como el Casino Principal, lugar donde se reunían los conspiradores, ese mismo lugar que cuelga todavía en sus balcones, en días señalados, banderas españolas y en donde se celebra el baile de la alpargata, el Diario de Navarra, ese periódico que anunció la declaración del estado de guerra con un ¡Viva España! y que sigue siendo vocero de aquéllos mismos, el Fuerte de San Cristóbal, entonces cárcel militar y el último lugar que vieron en vida muchos de los fusilados en cunetas, parajes y apartados, el Palacio de Capitanía (antiguo Palacio Real, hoy Archivo General de Navarra), sede desde donde Mola dirigió su estrategia aniquiladora, la sede del periódico La Voz de Navarra, actualmente sede del PNV, y tras la sublevación lugar desde donde se publicó el periódico Arriba España, la Plaza del Castillo, escenario principal antes y durante la guerra… Y luego lugares que no tienen nombre, porque todavía muchos no se conocen, simas, cunetas, parajes apartados, corrales, caminos, tapias, huertos que se convirtieron en cementerios de fusilados, en cementerios de una memoria que poco a poco se va rescatando.

Plaza del Castillo 1936-2011

Y vas leyendo las páginas de la novela e inevitablemente trasladas al presente personajes y lugares, porque los hijos andan por aquí y los lugares siguen aquí. Y es entonces cuando te entra la angustia al pensar el manto de silencio que cubrió esta ciudad y Navarra entera. Silencio obligado para los muertos, fusilados, silencio para las familias de aquéllos desaparecidos que no tuvieron ni una triste tumba sobre la que llorar, silencio para una población que fue testigo del horror, pero sobre todo te entra la angustia al ser consciente que era vox populi lo que estaba ocurriendo. Desaparecían los vecinos y ya no los volvían a ver, se llevaban a concejales y alcaldes sabiendo que los iban a matar, veían los camiones subir Ezkaba hacia el Fuerte, escuchaban los tiros en la noche, olían el humo de las hogueras cuando quemaban piras de libros peligrosos, a una de la calle le rapaban el pelo y le daban aceite de ricino y luego la paseaban, cagándose, por la Plaza del Castillo para mofa generalizada, el Diario de Navarra daba cuenta de asesinatos que entonces no los llamaban así, había señoritas que antes de ir a misa iban a la Vuelta del Castillo, nerviosas, para ver por vez primera un fusilamiento, algunos curas hablaban, mucho, e impartían bendiciones a quien iba al frente, ese frente lejano, sí, pero también a quien tenía que quedarse poniendo orden en el santuario de la sublevación, Iruñea. Fue un silencio obligado, sí, pero un silencio al que muchos, la mayoría, se tuvieron que agarrar  para poder sobrevivir, digo yo. Otros, también, impusieron ese silencio. Y lo siguen imponiendo.

Ese es el mismo silencio que todavía los herederos de aquéllos sublevados quieren imponer a toda costa. Un silencio que significa olvido. Un silencio que impida conocer la verdad, una verdadera justicia y la reparación de la memoria de los que tuvieron que sufrir aquél silencio, todos. Sánchez-Ostiz ha hecho un trabajo extraordinario. Un trabajo que todavía hoy, más allá de posicionamientos políticos (que también), sigue siendo incómodo en esta ciudad en la que nos conocemos la mayoría. Así que estoy totalmente agradecido a Sánchez-Ostiz por el golpe en crudo que nos ha soltado en toda nuestra cara, por contárnoslo sin pelos en la lengua, haciéndonos oler la mierda que supuso aquello y ayudándonos a comprender que el tufo actual es el hedor de entonces.

Tras El Escarmiento vino El botín, que será la continuación de la novela de Miguel Sánchez-Ostiz. A la espera quedo.