con ojos de niña

Kramp, de la chilena María José Ferrada, editado por Alianza Editorial, es una suerte de memorias ficticias escritas con la mezcla de la nostalgia y la mirada de una niña. M es la niña que relata sus recuerdos en esta pequeña obra llena de emociones y pensamientos y con la gracia de la niñez. D es el padre de M, vendedor de productos de ferretería de la marca Kramp. Trabaja en uno de esos empleos ya en vías de olvidarse, de cuando los vendedores eran viajantes y recorrían pueblos y ciudades con sus catálogos vendiendo serruchos, tornillos y llaves inglesas. D también es un padre con una conciencia paterna algo diferente a la habitual. Por lo menos a la habitual en la vida real. A petición de M se embarca en una aventura padre-hija que les hace recorrer juntos esos bazares y ferreterías, esos bares y cafeterías llenos de vendedores, como si fuese una aventura liderada por el Gran Carpintero, que gracias al catálogo Kramp lleva las riendas del mundo, todo a espaldas de una madre recluida y silenciosa… En ocasiones me ha recordado a ese personaje maravilloso de Roberto Begnini en La vida es bella, ese Guido que es capaz de hacer que su hijo Giosué viva en un mundo paralelo a pesar de encontrarse en un campo de concentración nazi.

Sonntag, 1926. Edward Hopper

Es una novela corta, que no sabes por dónde va a discurrir en la siguiente página, como la mente de una niña (o niño) que no sabes qué piensa y qué va a decir en un momento. Está muy bien escrita y tiene frases preciosas. La relación entre la niña y el padre es de cuento, aunque la tozuda realidad nos dice que solo puede ser así en un cuento, en una historia pensada y relatada por una niña, porque cuando la hacemos confrontar con esa realidad el cuento se convierte en desorden. Por eso hay que seguir leyendo cuentos, historias, relatos y novelas, para poder refugiarnos en la mirada de una niña de vez en cuando.

El primer año de vida supe, por ejemplo, que hay algo que se llama día, algo que se llama noche y que todo lo que pasa en una vida cabe dentro de una de esas dos categorías.

una historia de relaciones sureñas

Generalmente, cuando pienso en el sur de los EEUU, pienso en campos de algodón, en amplias y desfavorecidas comunidades afroamericanas, en granjeros blancos con fusil, en los colores y músicas de Nueva Orleans, en mayorías para Trump y en lobbys de origen cubano. Y existen, pero son clichés. Demasiados clichés. Simplistas clichés.

El paso siguiente en el baile, de Tim Gautreaux, editado por La Huerta Grande, es una novela que me ha abierto los ojos ante una realidad no conocida, incluso inimaginable, de ese sur norteamericano. El tema es conocido y una de las bases de la literatura universal: el (des)amor de un matrimonio en tiempos de crisis. La acción se desarrolla en un pequeño pueblo de Louisiana, en plena crisis industrial propiciada por el cierre de las plantas de extracción petrolífera que sostenían la economía local y la protagoniza una joven pareja de la comunidad cajún. ¿Perdona? ¿Qué es eso de cajún?

Como sabemos, los actuales Estados Unidos son la consecuencia de un desarrollo colonialista en el que participaron diferentes países, como el británico, el francés o el español, entre otros. Los movimientos migratorios, debidos a estas ansias colonialistas y a las guerras que propiciaron, están en el origen de los actuales estados que conforman EEUU. ¿Qué país no es fruto de movimientos y desplazamientos humanos, en mayor o menor medida? El caso es que Louisiana fue uno de esos lugares que, hasta que llegaron los colonos, eran un lugar donde vivían pueblos y naciones indoamericanas. Pero llegaron los españoles, después los franceses (de ahí el nombre del estado, en honor al monarca francés, Louis XIV), nuevamente los españoles en parte del territorio y posteriormente los ingleses, hasta que se independizaron de la corona británica. Como los movimientos migratorios no son estáticos en su territorio, resulta que en 1765, millares de francófonos de la zona de Nueva Escocia e Isla del Príncipe Eduardo, conocida como Acadia, en la actual Canadá, fueron expulsados por los nuevos invasores ingleses de aquellas tierras y obligados a trasladarse a otro lugar y recalaron, precisamente, en la parte “española” de Louisiana, que a partir de entonces se conoció como Acadiana. Esa comunidad migrada de Acadia, francófona y posteriormente mezclada con los colonos españoles y alemanes, es la conocida como comunidad cajún. Su cultura ha tenido importancia en la música y gastronomía y en 1980, fueron reconocidos oficialmente por el gobierno norteamericano como grupo étnico.

Bueno, al lío. La novela es impresionante en cuanto al tratamiento de los personajes. Muy, muy trabajados, tanto los dos protagonistas, como el resto de “secundarios”. Paul y Colette son un matrimonio de veinteañeros, típica pareja que llevan desde el instituto. Pero, y es un pero grande en esta relación, Colette, cajera de ventanilla de un banco local, está aburrida del pueblo donde ha nacido y vive como el resto de su familia y aspira a otra cosa. Aunque no sabe muy bien a qué. Simplemente a escapar de aquello. En cambio Paul es un hombre sencillo, quizá incluso simple. Trabaja de mecánico, le encantan las máquinas y motores, y le basta con bailar de vez en cuando por ahí, en pistas de baile, beber alguna cerveza y tener una buena pelea de bar (por lo visto, algo bastante habitual allí). Alrededor de ellos, familias parte de esa comunidad cajún, amigos de esas peleas de bar, las marismas y pantanos de la costa de Louisiana, mirando siempre al Golfo de México. Y entonces Colette, decide irse, en un viaje en tren, hasta California, que está a miles de kilómetros, pero para aquella gente es como irse a Marte. Y ese es el desencadenante de toda esa historia de relaciones personales, sentimentales y territoriales.

Se lee a gusto. Gautreaux consigue que te metas en la historia de lleno, gracias a su capacidad de retratar personajes y lugares con tal cantidad de detalles que es como si estuvieses presente en el relato. Los últimos seis capítulos son uno de los finales de novela más intensos que he leído nunca, en donde se cierra el círculo de ese retrato de personajes visiblemente simples, pero con una historia repleta de sentimientos y realidades complejas. Como la vida misma. Por cierto, la traducción es un trabajazo impresionante de José Gabriel Rodríguez Pazos. Os dejo un comentario suyo a esta traducción.

manifiesto por la lectura

Irene Vallejo ha escrito un manifiesto por la lectura que recoge, de manera preciosa, qué representan los libros en nuestra sociedad. Por encargo de la Federación de Gremios de Editores y editado de manera bellísima, en tapa dura y pequeño formato, por la editorial Siruela, la filóloga maña y reconocida autora de divulgación de la cultura clásica, expone, en nueve capítulos, una defensa de la lectura que emociona. Emociona porque ordena de manera sutil lo que otros tenemos en la cabeza y sentimos al leer.

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Sin la lectura sería una persona absolutamente diferente, eso lo tengo bastante claro. La lectura me abre la mente a otros espacios, a otras maneras de pensar, a otras situaciones, a otras realidades, a otros tiempos. Me abre hacia las demás personas. Me invita a escuchar y a entender al otro. Y me ayuda a mirarme a mí mismo. Y si lo hace de manera hermosa por la belleza de una escritura, es un placer inmenso. De los nueve puntos, me quedo con uno que subraya la capacidad de quietud, silencio, reflexión y control de un tiempo que normalmente, en estos tiempos que vivimos, discurre de manera frenética. Leer, hoy en día, es volver al origen del ser humano.

Os animo a descubrir este manifiesto o a hacer nuestro propio manifiesto por la lectura, por los libros, las librerías y las bibliotecas. Cada cual tendrá sus razones para lanzarse a este placer.

Lee y conducirás. No leas y serás conducido.

Santa Teresa de Jesús

coronavirus, cambio climático y guerra social

Errata Naturae aprovechó para hacer durante el confinamiento lo que el resto decía que había que hacer. Esto es, pensar, reflexionar y para eso, parar. Una editorial que decidió dejar de publicar libros durante el tiempo que durase la reflexión.Y pasados unos meses, nos obsequiaron con esa reflexión. Habrá quien pueda pensar que una reflexión de una editorial de poco puede servir a quien no se dedica a la edición de libros. Pero no, la verdad es que es una reflexión absolutamente válida para todo el mundo, cada cual en su campo o simplemente, si es que esto es simple, para la vida misma. Os animo a leerla.

El primer libro editado tras esta reflexión, no podía ser de otra forma, trata sobre el coronavirus. ¿Un libro sobre el coronavirus? ¿Quién va a querer leer un libro sobre el único tema con el que nos ametrallan a todas horas los medios y que se ha convertido en el eje de la vida del ser humano en todo el mundo? Bastante tenemos con eso, pensaran algunos, ¿verdad?

El murciélago y el capital. Coronavirus, cambio climático y guerra social, de Andreas Malm. Joder, el título se las trae. Por de pronto y después de esta lectura, adelanto que este escritor y activista sueco lo coloco entre los autores que no voy a perder de vista. Capitán Swing acaba de publicar otro libro suyo sobre las raíces del calentamiento global y Errata Naturae próximamente publicará otro que lleva el sugerente título de Cómo dinamitar un oleoducto: nuevas luchas para un mundo en llamas. Como para no hacerle caso. Sobre el libro, antes de que nadie se asuste, decir que es de lectura fácil. Se lee a gusto. Esto no quiere decir que sea un libro superficial, o que no ahonde en lo que expone. Ni siquiera quiere decir que esté escrito con simpleza o de un modo generalista. Lo digo porque en estos tiempos es mejor aclarar algunos conceptos. Es un libro escrito por una persona que utiliza buenas fuentes, que sabe de qué va el tema y que pretende que este conocimiento se extienda cuanto más mejor. Y lo hace en tres partes diferenciadas. Allá vamos.

  1. En esta primera parte, el señor Malm expone el origen del coronavirus, de dónde viene, cuáles han sido las causas de esta situación. En estos meses hemos escuchados teorías para todos los gustos, pero la realidad es bastante simple, aunque sea jodida. El covid-19 este, el SARS-CoV-2, es solo uno de los más de setenta tipos de coronavirus existentes (conocidos) que pululan por el mundo. Los hay agresivos con el ser humano, y otros inocuos. Es un tipo de organismo que se propaga y sobrevive gracias a otros seres vivos y uno de esos seres que mejor hacen la necesaria función de transporte es el murciélago. Hay otros animales que también lo hacen. Hasta ahí, todo más o menos claro. La cuestión es que los murciélagos habitan en un tipo de bosques desde hace miles de años, pero resulta que estos bosques, literalmente, los estamos aniquilando. Así que, ¿qué hace el murciélago, que lleva en su cuerpecito diferentes tipos de coronavirus y otros organismos? Pues buscarse otro lugar para vivir, pobre infeliz, en paz. Así que en ese viaje de un lugar a otro, atraviesan otros hábitats, donde la presencia del ser humano es mayor, donde hay mercados de comida, otros animales salvajes y domésticos (estos últimos casi todos en granjas industriales). Y claro, pues el coronavirus, en su afán de supervivencia, salta de un ser a otro. Todo esto en un mundo globalizado e hiperconectado físicamente por avión. Además de todo esto, el autor sueco nos explica su relación con el cambio climático, diferentes enfermedades y epidemias-pandemias anteriores y previsiblemente futuras, calentamiento global, movimientos migratorios y demás. Nos abre los ojos.
  2. En la segunda parte nos detalla las causas de ese calentamiento global. La causa es solo una: sistema capitalista hiperdesarrollado, que ha llevado a un modo de vida basado en el sobreconsumo a costa del agotamiento del planeta. Dicho de otra manera, cómo el agotamiento natural de la Tierra es consecuencia directa de la explotación económica que una minoría realiza para su enriquecimiento a costa del empobrecimiento de una mayoría. Hace un recorrido por varios países y gobiernos de esos países, de las decisiones que han tomado y toman, y de cómo esto afecta a la propia supervivencia del planeta. El capítulo es tremendo.
  3. Y en la tercera parte nos habla de la necesidad de construir alternativas a todo esto. Según Andreas Malm, ya no se trata de parar este cambio climático, sino directamente de darle la vuelta si es que queremos sobrevivir como planeta. Y para eso, hace un llamamiento a la guerra social. Medidas posiblemente impopulares desde nuestra mentalidad de cómodo consumidor con un click, como la paralización de la extracción de crudo, dejar de coger el avión hasta para ir al baño, y disminuir radicalmente nuestro consumo en general y la carne en particular. Además aboga por diferentes propuestas a nivel local que hagan frente al sistema capitalista y neoliberal. Y en esas estaba cuando he recordado conversaciones que tengo con amigas y amigos mientras paseamos o escritos que leo por alguna red social (sí, además de sectarismo, demagogia, maximalismo y enfrentamiento, en las redes sociales, si lo buscas, puedes encontrar cosas y gente interesante). Y aquí, en Iruñea, en Nafarroa, tenemos posibilidad de poner en marcha iniciativas basadas en algo tan nuestro como el comunal, como apuntan Alberto Jauregi y Xabi Senosiain, el auzolan y la vivencia comunitaria y vecinal. En cada lugar existirán alternativas posibles que deberán dejar de ser utopías si es que queremos lograr la Utopía de vivir en equilibrio en un planeta que tenemos que cuidar para poder cuidarnos entre nosotras y nosotros. Alternativas que tendrán que ponerse en marcha vigilando y defendiendo los derechos humanos y las libertades sociales y personales.

En definitiva, es un libro muy recomendable para cualquiera que quiera ir más allá de las cifras de afectados de la pandemia, más allá de las necesarias medidas gubernamentales (pre y post) y más allá del doloroso momento que estamos viviendo y que, sin duda, vamos a vivir en los próximos tiempos. Y si no es este libro, por favor, encontrad tiempo para leer siquiera algún reportaje sobre el tema, que esté bien contrastado, que tenga fuentes fiables y que dé pie a la reflexión individual y compartida. Salid a pasear por el campo, por un bosque o un parque, con amigos (y mascarilla) y comentad lo leído. Os sorprenderéis la de cosas que se aprenden en esos paseos.

No obstante, la crisis del coronavirus sí podría representar el momento en que los “seres humanos toman conciencia de su propia condición natural y ponen fin a su dominio de la naturaleza”.

Theodor Adorno, Sobre la teoría de la historia y de la libertad (1964-1965).

las dos caras de las ciudades

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La ciudad nunca ha sido un lugar más excitante que ahora para vivir.

La vida secreta de las ciudades es un librito de apenas 150 páginas que escribió el periodista neoyorkino nacido en Bombay, Suketu Mehta. Este señor, que escribe muy bien y ha recibido premios a tutiplén, quedando incluso finalista del Pulitzer (que es lo más de lo más), se dedica también a viajar mucho y a conocer ciudades. Y cuando digo a conocer ciudades no me refiero a las ciudades que aparecen en las guías turísticas, esa ciudad oficial en su relato y en su imagen, si no a la otra cara, la ciudad oficiosa, la que viven las diferentes personas que habitan en ella, cada una con sus visiones y experiencias. Estamos hablando de la ciudad real, o por lo menos, más real que la turística.

Esa ciudad oficiosa es la que se construye con las vivencias de quienes viven en ella, es la historia que se transmite de forma oral, en recuerdos familiares, en conversaciones de bar, en fiestas vecinales y en los encuentros de migrantes. Porque ese es uno de los elementos más fascinante de las ciudades del siglo XXI. Son ciudades cada vez más mezcladas en los orígenes de las personas que los habitan, con sus historias de película, con sus dramas y también con sus esperanzas. Ciudades que no cumplen, seguramente, con los estándares de ciudad ideal marcados por ex-banqueros que ahora se dedican a otorgar esos puntos para el ranking de mejor ciudad. Sus ciudades, las de esos ejecutivos, son ciudades normalmente aburridas, porque la ciudad perfecta, nos guste o no admitirlo, es aburrida. La ciudad viva es la que tiene elementos que, sueltos, nos pueden incomodar, o no nos gustan, pero que le dan la personalidad de esas ciudades atrayentes. La diferencia entre Londres y Ginebra es el bullicio que se desprende en una y el sopor que emana la otra.

A mi el libro me ha encantado. Se lee en un par de tardes y se disfruta en cada una de sus páginas. Es un ensayo escrito de una manera muy amena que te va ofreciendo datos y pensamientos con los que poder reflexionar. Las ciudades del siglo XXI tienen que ser ciudades sostenibles, en muchos aspectos, en el urbanismo, en el energético, accesibles, ecológicas, con espacios para el ocio y educativas. Pero sobre todo, tienen que ser ciudades que las vayamos haciendo las personas que en ellas vivimos, con nuestras historias particulares, nuestros dramas y nuestras esperanzas. Lo dicho, un buen libro sobre la ciudad, para saber de qué hablamos cuando hablamos de gentrificación, migración, servicios municipales y planes urbanísticos, sin tener que inventarnos nada.