un amor como otro cualquiera, contado de manera deliciosa

Cómo me gustaba la manera en que remachaba lo que yo acababa de repetirle. Me hacía pensar en una caricia, o en un gesto que es totalmente accidental al principio, pero que se vuelve intencionado la segunda vez y más aún la tercera. Me recordaba la forma en la que Mafalda me hacía la ama cada mañana, primero doblando la sábana de arriba sobre la manta, luego volviéndola a doblar para cubrir la almohada que estaba encima de la manta y una última vez cuando volvía a doblarlo sobre la colcha -una y otra vez hasta que me di cuenta de que arropados entre todos estos dobleces había recuerdos de algo al mismo tiempo piadoso e indulgente, como el beneplácito de un instante de pasión.

Leí este libro hace tiempo, seguramente cuando se publicó allá por 2008, hace diez años. Me atrapó desde sus primeras páginas, seguramente porque la historia se desarrolla en la Toscana, muy probablemente porque es verano, o quizás porque es una historia de amor de esas que tienen la inocencia y el ardor de un adolescente mezclados con la experiencia de un adulto. Pero probablemente lo que más me gustó en sí fue que, independientemente de ser una historia de amor entre dos hombres, era y es una historia de amor. Como cualquier otra historia de amor. El caso es que estoy releyendo la novela. Y muy pocas veces lo hago. Así que os voy a contar por qué lo estoy haciendo.

Llámame por tu nombre, de André Aciman, nos traslada al verano de 1983, donde el SIDA todavía no había hecho su trágica aparición. Elio es un chaval de 17 años recién llegado a la juventud cuyos padres son unos intelectuales bien situados. El verano lo pasan en la casa que la familia tiene en la costa italiana y desde hace años, madre y padre, invitan a un joven estudiante para veranear con ellos a cambio de ayuda en su archivo. Y ese año el elegido es Oliver, un joven estudiante norteamericano de 24 años, atractivo y sabedor de ello. En fin, que Elio, que hasta entonces lo único que ha hecho es aburrirse por las tardes, flirtear con alguna vecina y practicar al piano, cae rendido ante los encantos de Oliver.

La historia podría parecer sin más, pero Aciman consigue deleitarnos con cada una de las frases que escribe. Creo que lo más fácil hubiese sido desarrollar la trama contando la historia desde la voz de Oliver, joven, estudiante, experimentado. Hubiese sido más fácil, sí, pero no habría conseguido lo que consigue haciéndole hablar a Elio. Los miedos, las pasiones más internas, los sentimientos escondidos, los pensamientos más íntimos de un adolescente tímido ante el amor son la base de la novela. Consigue construir un monumento al amor romántico, que no al puritano. El caso es que la relación es entre dos hombres, pero podría ser entre un hombre y una mujer, entre dos mujeres o entre dos personas, sin importarnos con qué género se identifica. Ese es uno de los valores de la novela. Y en el caso de este amor entre dos hombres lo presenta con una naturalidad exquisita. Sin dramas, sin el qué dirán, ni el trauma de una salida de armario, sin el escándalo, sin la sordidez, sin el castigo o la marginalidad que acompañan a otras novelas que nos hablan del amor homosexual. Y luego está la diferencia de edad entre los protagonistas. No hay una relación de poder entre uno y otro. No es el adolescente engañado y el adulto que se aprovecha. Es una relación de tú a tú.

Y claro, con semejante y maravillosa historia, tenía muchos boletos para ser llevada a la gran pantalla. Y además, de manera magistral. Dirigida por Luca Guadagnino y protagonizada por un espectacular Timothée Chalamet, nominado este año al Oscar al mejor actor y Armie Hammer. Por aquí se estrenó hace poco, con casi un año de retraso,  está ahora mismo en cartelera y desde luego, no me la voy a perder. Además a Elio le encanta Bach… ♥ ♥ ♥

Un libro, en definitiva, para toda persona que sigue creyendo en el Amor, sea este como sea, entre quien sea y cuando sea. Si queréis reconciliaros con el Amor, este es vuestro libro. Si queréis estremeceros con una prosa exquisita que llega hasta el fondo, esta es vuestra novela. Si queréis conmoveros con una historia bellísima, este es el libro que necesitáis. Disfrutadlo.

un diario sutil

Vivo como siempre he deseado poder vivir: el amor y la existencia compartida, los hijos, la casa y tantos afectos dentro y fuera de ella. Qué importa si he trabajado mucho, si el mal vino y se fue, si alguna nube ha turbado mi horizonte sereno, si los años pasan veloces.

Marisa Madieri, escritora italiana que falleció en 1996, escribió un libro en forma de diario que cuenta su historia y la de muchas otras familias que tuvieron que exiliarse de Dalmacia tras la II Guerra Mundial, cuando esa zona dejó de ser italiana para pasar a ser parte de la Yugoslavia de Tito. Verde agua. Escrito en 1989, fue publicado por primera vez en castellano en el 2000 y ha sido reeditado unas cuantas veces por editorial Minúscula. Es de esos libros que forman parte del fondo de cualquier librería con un mínimo de gusto, como la de Deborahlibros, que fue quien me lo recomendó.

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Madieri cuenta con una sutileza exquisita, que no pretende esconder la realidad, sus recuerdos de infancia y adolescencia, cuando su familia abandonó la antigua Fiume italiana que acaba de pasar a ser yugoslava, y que hoy en día es Rijeca, en Croacia. En Trieste, la ciudad a orillas del Adriático, se las tuvieron que apañar en un campo de refugiados que crearon en un antiguo silo de cereales, con cientos de familias más, hacinadas, sin intimidad y malviviendo de la ayuda familiar que, en el mejor de los casos, les llegaba con cuentagotas. Es el diario de una niña sensible que tiene que hacer frente a una vida dura y que lo hace observando a su familia, a su madre y padre, a su abuela, que tenía un carácter tan profundo que se hizo líder del silo, de su hermana, de sus tíos y tías. Alegrías y tragedias contadas con una sensibilidad extrema. Es inevitable hacer paralelismo con los miles de refugiados que se encuentran hoy dispersos en Europa y todo el mundo.

Porque ese es el gran valor de este libro, la sensibilidad y sutileza con que está escrito. Una redacción que mezcla si desordenarlos, pasado y futuro, que en medio de la aspereza hace surgir el color de un ocaso o la suavidad de un vestido. Uno de esos libros que lees y disfrutas con la forma en que está escrito, más que con la historia. Pero sobre todo, un libro en el que el amor es como el sonido de fondo de un riachuelo que avanza sin descanso en el tiempo. Un pequeño tesoro.

Verde agua es un libro para quien es capaz de descubrir la sensibilidad hasta en medio del barro, para quien tiene pequeños recuerdos de su infancia, para quien disfruta de la buena escritura, para quien escribe su propio diario y para quien quiera descubrir un pedazo de historia de Europa poco conocida por estos lares. Un libro para leer y de vez en cuando releer en algunos de sus capítulos.

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un doloroso canto a la amistad

El caso es que, para ser sincero, cuando compré el libro, tras leer una minúscula reseña en una revista, no tenía ni idea de en dónde me estaba metiendo. Decían que era una novela que había tenido, durante este año, gran éxito de ventas y crítica en EEUU y que seguía el camino de la gran novela norteamericana. Así que, nada, me fui a Walden, me hice con el tocho de mil páginas y me enfrasqué en su lectura.

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El libro es de lectura contagiosa, de esa que hace que no sueltes el libro y quieras, sea la hora que sea, seguir una página más para saber qué es lo que pasa. Cuenta, principalmente, la historia de una amistad entre cuatro hombres, una amistad forjada a lo largo de los años, con sus diferentes intensidades y sus acomodos al devenir de la existencia de cada uno de los amigos. En este sentido me sentía atraído por la posibilidad de adentrarme en el significado de esa amistad masculina. Son muchos los libros que han profundizado en la amistad entre mujeres con el objetivo de traducir los elementos de dicha amistad. Pero pocas veces, por lo menos yo, he tenido oportunidad de ver desentrañada de manera escrita la madeja de signos, pautas y simbolismos que explican la confianza, el entendimiento y el amor que se presentan en la amistad masculina, una amistad generalmente basada en la aceptación de ser y formar parte de una manada, una familia. Por lo menos esta es la amistad que presenta esta novela.

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La obra se desarrolla en torno a una cuadrilla de cuatro amigos que, desde la universidad, luchan, a veces incluso entre ellos, para descubrirse a sí mismos, descubrir la amistad, el amor, la sexualidad, su vida, la vida. El protagonista, Jude St. Francis, esconde además, una niñez marcada por los abusos sexuales, el maltrato y el rechazo que, inevitablemente, le obliga a construir una realidad falsa que, poco a poco, irá descubriendo a uno de los amigos.

Fue a principios de este año, cuando leí una suerte de memorias de un pianista clásico que me causaron gran impresión. En Instrumental, James Rhodes cuenta su vida marcada por la temprana y continuada experiencia de abusos sexuales por parte de un profesor suyo y el desarrollo de su existencia a través de autolesiones, drogas y sobre todo música, en este caso clásica, que es la que actúa como antídoto y consigue que el pianista se encuentre consigo mismo, reconociéndose y empezando a quererse.

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En el caso de Tan poca vida, de Hanya Yanagihara, directamente se vomita esta experiencia y sus consecuencias, creando una narración que hace sufrir a quien la lee, adentrándote, sin previo aviso, en las fauces de un infierno de maltratos, abusos y violaciones a un niño desprotegido que, de manera muy lenta, deja de quererse, asume la culpa de lo que le pasa y descubre en la autolesión un remanso de tranquilidad en medio del cruel torbellino que es su vida. Una vida, por otro lado, que nadie conoce más allá de sí mismo y que es una gran y necesaria mentira para poder seguir viviendo. Mientras quiera.

Un libro con el que me he sorprendido llorando amargamente, mucho, y sintiendo, sobre todo, la belleza de una dolorosa amistad cuyo canto te golpea súbitamente y que, aviso, quien empiece a escucharlo, en este caso a leerlo, no lo puede abandonar. Quizás, con suerte, podrás dejarlo un rato, para descansar de ese dolor, tan insoportable por momentos.


Un libro para quien necesite llorar un buen rato como ejercicio para limpiar el interior, para quienes tienen una cuadrilla de las de toda la vida y quieran descubrir, por fin, el significado de muchas cosas, para las mujeres (y hombres) que creen que los hombres solo hablamos de fútbol (parece ser), sexo (es verdad) y mujeres (y hombres) y para quienes se sientan capaces de ir más allá de lo que marca la sociedad sin importarle el qué dirán. Sepa quien empiece el libro, que lo engullirá, sacará tiempo para leerlo de donde no hay y por lo tanto perderá tiempo para hacer otras cosas, con lo que dormirá poco, descuidará la casa una semana, malcomerá y llegará tarde a trabajar. ¡Una maravilla!