una actriz asesinada

Eran algo más de las siete de una mañana de verano y William Potticary estaba dando su paseo habitual por la pradera de los acantilados. A sus pies, unos sesenta metros más abajo, estaba el Canal, tranquilo y brillante, como un ópalo lácteo.

La verdad es que compré este libro en Walden un poco porque es la típica lectura de verano, o uno de esos libros ligeros para leer sin mayores preocupaciones que pasar un buen rato. Y no me equivoqué.

65303449_427335441226346_1335846624894152729_n

Hoja de lata es una editorial de esas pequeñas que está haciéndose un hueco en el panorama literario con ediciones muy cuidadas y una buena selección de autores hasta ahora poco traducidos por estos lares. Una de esas autoras es Josephine Tey, seudónimo principal de la escocesa Elizabeth Mackintosh. Esta señora, coetánea de Agatha Christie, es una mujer de la que se conoce bastante poco, como si el misterio de su vida privada fuese parte de los ingredientes necesarios para las novelas de detectives que escribió con gran éxito. Cualquiera, al leer las sinopsis de sus novelas en la parte trasera de los libros podría suponer que era una autora del estilo a la gran dama del misterio, la citada Agatha Christie. Es verdad que sus obras discurren en la Inglaterra de principios del XX, que no faltan Scotland Yard, el té de las cinco con sus pastelitos de pepino y la variopinta sociedad británica, especialmente la rural. Pero hasta ahí llegan las similitudes, ya que si la archiconocida autora inglesa solía escribir crímenes “domésticos”, entre té y té, sin perder el aplomo británico, la escritora escocesa iba algo más allá e incluía más veneno, ciertas salidas de tono en los modales imperantes y personajes más diversos.

Su principal personaje es el inspector Alan Grant, de Scotland Yard, elegante y apuesto y sobre todo buen fisonomista. Y este es el protagonista de Un chelín para velas, que trata sobre el asesinato de una reconocida actriz inglesa en un pequeño pueblito de la costa inglesa. Un relato con damas y caballeros (es curioso cómo todavía hoy en algunas tiendas se utiliza caballero para referirse a los hombres y en cambio se llama señora a las mujeres y no dama), faranduleo, taberneros, aristócratas y comisarios, inspectores y sargentos. Es, como he escrito al principio, una novela para pasar un buen rato y poner en marcha la sagacidad personal para intentar encontrar la autoría del crimen.

Quien pretenda encontrar sangre en esta novela, no la encontrará. Quien esté dispuesto a disfrutar con la resolución limpia de un asesinato, entre criados, fiestas y demás, esta es su novela. Ideal para la playa o la piscina, para leer entre baño y baño, o entre caña y caña. Lo mejor para la noche, como lectura fresca de verano, antes de dormir con la ventana abierta.

El maestro del suspense en el cine, Alfred Hitchcock, adaptó la novela con el título Inocencia y juventud en el año 1937 y pese a ser una de sus obras menos conocidas, en ella se vislumbran ya las buenas artes del genial director.

niebla londinense

Domingo, tras la exitosa mani de ayer toca pasear por la mañana, aprovechar este invierno que no quiere serlo, disfrutar de la lluvia y a la tarde puede ser un buen momento de lectura. Y una lectura de esas de detectives londinenses de finales del XIX, en medio de la niebla, asesinatos, descubrir quién es el asesino. Lectura sencilla pero de calidad, que diría Deborahlibros, como para una tarde de domingo.

Y es que aquello si que fue una gran niebla. La de 1897 en Londres, digo. Una niebla que, según las crónicas, sumió a la ciudad del Támesis en un manto blanco a través del cual apenas se vislumbraba tu mano si la alejabas de tu cuerpo. En el final de la época victoriana, un Londres con cada vez más problemas sociales, el movimiento obrero, harto de la explotación industrial, ha decidido que es hora de luchar por una mejora de sus condiciones de vida. Mientras tanto las colonias británicas cada vez andan más revueltas y sobre todo, Irlanda, es cada vez más un problema real para el Imperio. Es en este Londres en el que se desarrolla la historia del libro, de apenas 100 páginas, escrito por Richard Harding Davis y titulado, precisamente, En la niebla.

gaslight-fog

Este escritor norteamericano nació en Filadelfia en 1864, trabajó de redactor en varios periódicos, fue corresponsal en varias guerras y su obra más reconocida es Soldado de fortuna, que ha sido llevada al cine en dos ocasiones.

En cuanto a la novela que os propongo, este es el resumen de su historia. En la noche siguiente a esa gran niebla de 1897, un grupo de socios del club de caballeros más distinguido del mundo (estos ni se enteraban de luchas obreras, ni de nada), tratan de recomponer el rompecabezas de un doble asesinato acaecido el día anterior. Intensa niebla, un hombre que se pierde en mitad de Londres, el portal de una casa entre abierta y un asesinato recién cometido.


Una historia entretenidísima, que se lee en 0,2 y que tiene la virtud de atraparte de lleno en ella. Por eso, antes de comenzar a leer la novela, es mejor haber merendado, porque no te vas a levantar ni a mear. Si te va el Londres de levitas y chisteras e incluso si te ha dado por dejarte un bigote con las puntas hacia arriba, este es tu libro. Todo esto de la mano de una pequeña editorial que acabo de descubrir y que se está empeñando, me parece, en rescatar algunas obras hasta ahora desconocidas. Ardicia, editorial que señala del libro, al final de sus páginas, lo siguiente:

Impreso en Madrid en dos mil quince, cumplidos ciento veintiocho años de la publicación de Estudio en escarlata de Arthur Conan Doyle, primera aventura de un detective aficionado al violín y a la cocaína en una solución al 7%, que desaparecería en las cataratas de Reichenbach solo para, tres años después, volver de entre los muertos a petición popular.